15 enero, 2011

Mi ciudad


Hoy me di cuenta que mi ciudad estaba sucia, que no llovía desde hacía tiempo y que las calles no se limpian. Que los orines, las basuras y los insultos ahogan la mañana. Que una bruma espesa y maloliente descarga su ira por mis calles. Esas calles que, antaño, se cubrían de rocío y parecían frescas esencias que acariciaban los rostros.
Ya mis calles no son las que eran, avenidas de sonrisas optimistas y madrugadoras, con sus “buenos días” sosegados y su pulcra educación. Ya las calles no amanecen con las sombras de los árboles repletas de cantos tempraneros y de frutos silvestres no adulterados.
Hoy me di cuenta que ni los mirlos cantan, ni los niños corren, que los gritos de enojo simulan los malestares perpetuos y que mis pies tienen casi que volar para no pisar los desastres de la noche.
Hoy no ha llovido, ni mañana... Las calles seguirán sucias de desencantos y mentiras, las promesas se desvanecen con la sequedad del desierto, con la soledad del que espera y la impotencia del que escucha con las manos atadas.
Oí al hombre del tiempo con la esperanza de buenas noticias pero, mañana tampoco llueve, ni pasado, ni el otro, ni siquiera anuncian posibles borrascas por la zona, hasta los nublados se esconden ante tanta polución. ¿Cómo vamos a limpiar todo, cómo convencer al cielo que nos regale su llanto si ya no le quedan lágrimas?