29 enero, 2011

Marcha fúnebre por una marioneta

Y allí, sentado frente al televisor mientras su vida pasaba por él las escenas que siempre quiso que fueran su quehacer diario, su cuerpo moría con el mando de la televisión en la mano, mientras por el aire bailaba una dulce melodía, aquella que recordaba que su padre tocaba en su grupo. Algo sobre una marioneta, nunca le interesó, pero su cuerpo no pudo reprimir una sola lágrima que caía por su mejilla. Así terminó con su vida, con el deseo de que aquella que le esperaba fuera mucho mejor que lo que estaba dejando atrás.
Texto: William Ernest Fleming