26 enero, 2011

Oscar

Todos duermen. Los semáforos parpadean en las calles vacías. Las luces dispersas configuran los edificios en la penumbra de la noche. El sonido de los pasos de un transeúnte se pierde en el rumiar metálico de los coches que circulan por la gran avenida: El silencio es un don que no existe. El aire apacible que antaño pudo flotar sobre una huerta o sobre la sombra fresca de un árbol es acuchillado por una moto veloz que chirría vértigo. La ciudad es un sueño, un paisaje triste de formas geométricas a través del cristal. Lejos está aquel tiempo y el presente y no sé qué futuro desmenuzados en la luz. Miro sus rizos tornándose dorados. En la esquina de la cuna también el conejo azul de orejas largas espera la risa de su despertar. "Hola, Oooscaaar...".