15 febrero, 2011

El mes más cruel

Llegué a Pilar Adón por una recomendación de Enrique Redel, de Impedimenta. Cuando ya tenía reservado El mes más cruel, su último libro, mi librera me comentó que la biblioteca (de Asturias, en Oviedo) organizaba una charla con ella, precisamente sobre ese libro y a la que también asistiría el editor.

Se trataba de una lectura a ciegas. Tan solo sabía de la autora que era poeta y traductora y eso, porque lo había buscado en google. Además, el título era intrigante ¿Por qué El mes más cruel? ¿De que mes se trataba?

Cuando recogí el libro, dos nuevas sorpresas: la primera, la portada, sugestiva e inquietante (pero muy bien escogida, como compruebas tras la lectura). La segunda, que lo que pensaba era una novela, era un conjunto de relatos en los que intercalaba poesías, según comprobé mientras lo iba ojeando a la par que caminaba.

Aunque parezca una obviedad, comencé por el principio
o lo que es lo mismo, por el prólogo de Marta Sanz, a la que entendí perfectamente tras terminar el libro porque con cada relato crees saber lo que los protagonistas van a hacer pero
“no estás segura” También que aluda a los cuentos de hadas infantiles.

Su condición de poeta se deja traslucir en la forma de construir las frases, en las palabras elegidas. Y, por supuesto, en los poemas que a modo de colofón, incluye cada relato. Cada uno de ellos versa (nunca mejor dicho) sobre el mismo tema que el cuento al que acompaña.

En cuanto a los relatos, es difícil hablar sobre ellos. Diferentes entre sí, aunque con la presencia en casi todos de la lectura –tal como dice Marta Sanz, en todos o casi todos hay un personaje que lee-y también de la naturaleza, pero una naturaleza salvaje, sin domesticar: el viento, los acantilados, bosques, …

Leerlos es como entrar en una casita bonita y acogedora en que vive una amable familia pero, una vez que la puerta está cerrada –o ya inmersa en la lectura- descubres que la amable familia no lo es en absoluto y la casita acogedora se convierte en un lugar misterioso e inquietante. Un lugar (o un relato) que te provoca inquietud pero al mismo tiempo te fascina; también un lugar (o un relato) en que de repente sientes que te empujan y te expulsan de esa casa (o terminas la lectura, ) sintiendo que crees saber lo que pasaría a continuación pero al mismo tiempo no estás segura.

Es justo ahí, tras esa salida que es casi una expulsión (todos los finales son abiertos), cuando nos encontramos con el poema que nos sonríe y nos acuna, como diciéndonos: Tranquila, solo era un sueño. Al menos esa fue la sensación que a mí me causaban cada uno de ellos; que estaban ahí para que recuperáramos el equilibrio.

Porque los relatos de El mes más cruel tienen algo de onírico, de goticismo o de romanticismo (pienso en Mary Shelley ), tambien de cuentos infantiles (ya lo decía Marta Sanz en el prólogo)–El fumigador me hizo evocar a Hansel y Gretel. Al mismo tiempo, me vino a la cabeza Alfred Hitchcock, el “maestro del suspense”; ambos consiguen provocarnos (me) una tensión similar. Quieres dejar de leer –o de ver la película- pero al mismo tiempo te sientes subyugada, tienes que seguir leyendo.

Tendré que darle las gracias a Enrique Redel por descubrírmela. Si os fiáis de mi criterio, os recomiendo encarecidamente su lectura; creo que muchos de quienes visitais este blog, disfrutarías con él.

P.D: si queréis saber algo más sobre la charla con Pilar, le dedicaré una entrada en De Libro en libro.