27 febrero, 2011

El rector de Justin

Si la brevedad fuera mi fuerte diría de él: Un buen libro que no me gustó. Me temo que no es el caso así que diré algo más.

La historia gira en torno a dos personajes principales: Brian Aspinwall, un joven que entra como profesor en Justin Martyr, un internado masculino, tras ser rechazado en el ejército y Francis Prescott, el fundador de dicho internado. Entre ellos se establecerá una relación no tanto de amistad, como de maestro y discípulo o más bien dios y adorador.

La novela adopta forma de diario, el que va escribiendo Brian y es a través de él como vamos conociendo los hechos que nos cuenta. Sus primeros días en el internado, la sensación de no estar a la altura y de que los alumnos le toman por el pito del sereno; la impresión que le hace conocer al doctor Prescott, y como inmediatamente cae rendido a su personalidad.

Brian nos cuenta (en realidad leemos por encima de su hombro mientras escribe) la admiración que el doctor Prescottdespierta entre los alumnos, padres de estos -muchos de ellos, ex-alumnos- y profesores, así que decide hacer su particular biografía

(…) La leyenda ha comenzado a oscurecer al hombre, y he tenido la osadía de plantearme si la visión más ajustada y veraz no será la visión del ojo más nuevo, si el doctor Prescott no se revelará con mayor facilidad a quien no estudió en Justin.

Poco después de que haya tomado esa decisión, le encomiendan la tarea
de escribir la biografía del rector de Justin. Para ello le facilitan algunas notas –las que ha escrito Horace Havistock, un viejo amigo de Francis Prescott, en que habla de cómo se hicieron amigo y de que forma nació la idea de crear Justin Martyr; las de su exalumno y colaborador, David Griscam. También le facilitarán una entrevista con la hija de Prescott, Cordelia, que Brian transcribirá en su diario. El propio rector le facilitará dos manuscritos, el de Charley Strong , antiguo alumno y amante de su hija y otro escrito por Jules Griscam, joven que se suicidaría.

La forma que tiene Louis Auchincloss de presentarnos a Francis Prescott a través de los ojos de distintas personas que tienen visiones completamente distintas de él- algunos le odian, como su hija o Jules Griscam- otros le veneran como Charley Strong o el propio Brian y otros, simplemente, le quieren, como su amigo Havistock- es una de las cosas que lo hacen un magnífico libro. Nos da una visión poliédrica del personaje, lo hace humano ¿no tenemos todos muchas facetas que salen a la luz en función de las circunstancias o el entorno en que estemos?

Las apreciaciones que Brian deja en su diario se van alternando con los otros manuscritos y de esa forma podemos saber las propias impresiones del joven tras su lectura. Mientras leemos “esta enorme cantidad de hojas escritas” vamos conociendo al hombre. En la última anotación de su diario (que coincide con el último capítulo del libro), hecha unos meses después de la muerte del doctor Prescott, escribe:

Pero mi problema es, precisamente, que no estoy interesado en escribir una biografía. (…) Quiero mostrar al doctor Prescott deslumbrante(…)
(...) ahora me preocupa menos el hombre que su leyenda.

Me queda explicar por qué no me gustó. La razón es bastante sencilla: Brian y el doctor Prescott me cayeron mal, muy mal. El primero por excesivamente inseguro y pusilánime; el segundo por lo contario, su convicción absoluta de estar en lo correcto, que en algún momento llegaba a la soberbia o la crueldad. Me gustaron más los personajes “malditos” desde el pacato punto de vista de Brian: Havistock, un hedonista y Cordelia, que intentó escapar a la órbita de su padre sin conseguirlo. Esto me lleva a preguntarme ¿ es necesario que nos identifiquemos con los personajes o nos resulten simpáticos para que un libro nos guste?


P.D: todos los libros de Asteroide incluyen al final y una cita de algún escritor relacionada con la obra en cuestión. Para El rector de Justin eligieron esta de Henry Adams:
“Solo al borde de la tumba puede el hombre llegar a alguna conclusión”