24 marzo, 2011

Apuntes subterráneos Vol.2

Me apeo del tren, y me quedo quieto. Está hinchado de un volumen unicolor del que no se puede concluir, a primera vista, de qué está hecho. De animales o de humanos. Nada destaca en esa muchedumbre, excepto los tacones- de una altura lacerante que está muy de moda- que llevan algunas mujeres antiestéticas. Sobresalen dañinamente. Son vacas o cabras sumisas que trotan tranquilamente hacia el matadero. portando ellas mismas el machete e indicando el lugar donde deben asestarle la puñalada.

Los hombres son de una mezcla de gris sobre negro. Sus quehaceres han dibujado hondos surcos en sus semblantes. Lo que hacen en sus casas con sus esposas es sencillo de interpretar: nada de nada. Nada interesante. Ni siquiera algo especialmente repugnante. Incluso para ello les falta estilo. El repulsivo trabajo que desarrollan ha dejado al primero sin pelo, al segundo con una halitosis crónica y al tercero con las manos sucias. Me distancio de ellos y me refugio en el anden despoblado, para pasar desapercibido y para que de ningún modo puedan vincularme con aquella piara.

Texto: Michel Manuel Canet