23 marzo, 2011

Apuntes subterráneos


Excursiones nocturnas iluminadas por las farolas del ayuntamiento. Algo que compone un nuevo nacimiento, un nuevo brote que quizá llegue a florecer. Según la prensa lo inmortal es el disimulo, la prudencia, la armonía de lo efímero. La Luna y la familia que se quiere, las visitas a museos, los hasta luego, la melancolía, pero con un gesto de risa dibujado en los labios, amigos que consuelan a otros con ocurrentes juegos, amigos que riñen entre risas, el piano, Satie, lienzos surrealistas, un océano, perros, Dostoyevski, nubes pajizas, paseos por el parque. Citas en las que se engendran mayúsculos planes, lupanares con luces de neón, discos de Miles Davis, vino riojano, Huysmans, heridas de amor que pronto cicatrizaran, inocentadas que provocan olvidar al enfermo recluido en el hospital. Sentimientos que se advierten, un jersey de pico como regalo de cumpleaños, noches de radio. Permanecer en cama, la fiebre se aplacara, visita a una nueva exposición fotográfica, un aprobado en Francés que no se celebrara. Nueva cita con el cementerio donde yacen los abuelos, una lluvia de finas agujas, un cielo borrascoso, el asiento vacío del vagón, bocadillos de jamón con queso, líneas declarantes, muchas fotos, una almohada de seda, el calculo global, traducciones de Herodoto, análisis sobre si es correcto o no lesionar a alguien por pretender ser honesto a la verdad.

Texto: Michel Manuel Canet