11 mayo, 2011

Aullidos


Estoy en la cama, o en la mesa de trabajo, estoy en la oficina, estoy en mi salón, en mi calle que no es mía, estoy y escucho el aullido de la historia.
Entonces, yo que pertenezco a casi todos, a mi familia, al banco y a los organismos, a los que se benefician con mi trabajo y a los que me leen, a quien me paga cada mes, a los visitantes y a los que visito, presto atención al aullido y tomo asiento, y pongo mi pómulo ligeramente orientado hacia el lugar donde proviene la vida. Y es que procuro tener fe.

 Hoy no he abierto el libro, ni el frigorífico, ni siquiera los ojos. Reconozco que procuro tener fe, y tiendo a confiar a que se mantenga.
Soy está piel y las legañas que se agarran a mis ojos, y la vírgula que nace en mi sien y se dilata en la mejilla, descendiendo hasta la mandíbula y que cada vez que se mueve rebana la atmósfera.
Soy zapatillas blancas, pies y sustancia completa, y aquella camiseta desgastada de color infausto, soy y , me inclino a creer que soy este temblor frío, misericordioso, que escucha el aullido de la historia, y me miro las manos raramente, asombrado, de que alguien pueda tomar mi vida y relatarla como si fuera un aullido.
Texto: Michel Manuel Canet
Voz: José Francisco Díaz-Salado Suárez