11 mayo, 2011

Sus labios


-Me gustaría poder decirte que todo ha sido un sueño, uno demasiado bonito para haberme tenido a mí como protagonista. Pero no es un sueño pensar que te quiero, ni lo es sentir en mi alma que nunca podré llegar a olvidarte...
Rodeada del maravilloso ambiente oriental y místico de aquel club de Singapur, cayó en la cuenta de que su compañía masculina mentía mejor de lo que bailaba. El calor y la humedad de la noche se adherían al cuerpo, obligando al instinto a mantener una ingesta de líquidos adecuada para compensar la transpiración secundaria.
Con el final de la canción y la boca seca, abandonó


la pista de baile y se dirigió a la barra; él la siguió, prisionero de su elegancia e hipnotizado por sus curvas. Un gesto fue suficiente para solicitar dos copas de champagne al camarero. Su silueta, enfundada en un llamativo vestido de color granate, era la prueba de que la Sensualidad había decidido pasar la noche en aquel local. Alzó su copa y propuso un brindis. Algo en su interior le pidió que desatara su imaginación y abriera el frasco de las mentiras que suenan a verdad: un "por nosotros" mirándole a sus ojos no estaría nada mal; aséptico y convincente... El juego le pareció tentador y malicioso... Ahora era ella la que mentía con el mayor de los descaros. "A continuación viene lo bueno", pensó: cerró los ojos y cuando el cristal acarició sus labios, recordó los de otro hombre, en otro país, no hacía tanto tiempo, mordisqueando su boca y esa sensación que tuvo de peligro ascendiendo por el cuello, al mismo tiempo que el líquido espumoso descendía ahora por su garganta. Nunca una copa de champagne había sido tan estimulante.

Volvió a la realidad; abrió los ojos, sonrió y suspiró de felicidad. Su acompañante todavía estaba allí, ajeno al submundo de recuerdos en el que ella se había sumergido. "Buen trabajo. Qué sería de la vida sin estas mínimas sensaciones que ocurren en la intimidad de tu cerebro, pero compartidas con ese cómplice a distancia que únicamente sabe lo que tú estás pensando..." Por un momento creyó haber hecho esta reflexión en alto, a viva voz. Pero no hubo respuesta por parte de aquel caballero de aspecto sudoroso y cansado.
Apuró el escaso líquido dorado que brillaba en la copa, recogió su pequeño bolso y se disculpó ante el incrédulo acompañante. La mentira le había recordado que tenía que hacer una llamada...

Texto: Miguel Ángel Díaz Fuentes
Narración: La Voz Silenciosa