10 mayo, 2011

To Be Continued...



- No, no me hagas esto, por favor... No te vayas ahora.

Su voz sonaba entrecortada y lejana, desde el fondo del pasillo del hotel que habían elegido para recuperar todo el tiempo perdido durante aquellos aburridos años. En la habitación 732 la pasión y el deseo rebosaban todavía por ambos lados de la cama, testigo mudo de aquella batalla de emociones incontroladas y secretos a voces. Pero ella, para su sorpresa, ya había tomado una decisión al respecto. Pulsó el botón de llamada del ascensor, respiró hondo y recogió su pequeña maleta. Con las lágrimas contenidas y el corazón tratando de salirse del pecho, tuvo apenas fuerzas para mirarle bajo esa luz tan tenue y le dijo:

- Debo irme; mi apuesta es demasiado elevada para perderlo todo en una sola mano... Y contigo mi partida estaba perdida desde el principio.
El timbre anunció la llegada del ascensor y para él fue como si hubieran convocado el fin del mundo. La vio desaparecer tras su puerta, tan bella y sensual como nunca y tuvo la sensación de que, a pesar de lo categórico de su afirmación, no iba a ser la última vez que estarían juntos.

Texto: Miguel Angel Diaz Fuentes