15 marzo, 2011

Infancia perdida

Desanimada cogió nuevamente aire, preguntándose ¿Cuándo pasaría?
Su pequeño tamaño adivinaba junto a su rostro su edad. Seguro que era bella, aunque la oscuridad imposibilitaba verla, así como la suciedad y atuendo elegido, siempre el mismo grande y sucio.
Sus manos agrietadas por la intemperie de tantos y tantos amaneceres crueles que oxidaron su ser y el que fuera en su día, suave piel.
Dejando pese a su tierna edad un cuerpo y rostro cansado, aunque lúcido pese a la atrocidad de su vida. Su bello semblante, sus brillantes luceros ¡estos! propios de la más hermosa princesa de cuento, desgarraban el alma a quién osara mirarlos.
Nuevamente cogió aire, aire de suspiro preguntándose ¿Cuándo pasaría?
No había sonrisa en sus labios cuarteados, no la hubo nunca, se decía triste ella, tan solo el dolor en su semblante, tan solo ilusión perdida, prisionera la princesita en las calles de la maldita urbe, fruta lacia vendía.
Su pregunta fue contestada un frío amanecer, dejó vacante el rincón que morara tantos y tan pocos días, acurrucada amaneció yaciendo dormida para siempre, la que fuera un día bella princesa triste, de brillantes luceros.
Texto: Ramón María Vadillo Carazo