01 marzo, 2011

Naturalez

Me atrapa el pecho desesperadamente, y mete la boca en mi enorme pezón. Chupa con la fuerza demoledora de la codicia. Su ímpetu salvaje me excita cada vez más. Comienza a mirarme fijamente para asegurarse que no voy a hacer ningún movimiento que le aparte de su objetivo.
Con cada una de sus sorbidas experimento el ilícito placer extendiéndose como una telaraña desde mis senos . Rápidamente el volcán se va centrando en mi sexo y, una vez más , cuando está a punto de desbordarse, lo encallo.
La culpa se apodera de la leona, es mi cachorro. No esta bien sentir esto alimentando a tu hijo.

Texto: Idri