31 marzo, 2011

Nervios

Sentada en la penumbra de la cocina, MJ bebía pausadamente su café. Fuera ya estaba oscureciendo y ese cabrón no le había llamado aún. Voces y pasos procedentes de las escaleras; MJ se acercó a echar un vistazo por la mirilla: sólo era el vecino que volvía con su hijo. Después silencio otra vez. Los dedos tamboreaban en la taza, acompasándose al tictac del reloj. El móvil seguía mudo. MJ resoplaba, mientras desde lejos la calle le devolvía ecos de tráfico y gritos. Luego, de repente, la voz aguda del teléfono laceró el silencio.
Texto: Jorge Serra