18 marzo, 2011

Solo papel

Necesitas escribir y no encuentras papel. Te desbordan los vocablos, rebosan las palabras. Rebuscas con desesperación, revuelves cajones, agitas armarios, sacudes archivadores, zarandeas carpetas. Nada, no hallas nada. La inspiración viene y de pronto se va. Las historias nacen, y las haces vivir o expiran en tu mente. Borroneas o respiras. Creas o arruinas. Detestas o idolatras. Estás perdido, precisas papel. Lo irracional. Observas, reparas, adviertes, ralentizas tu vista, dejas de pestañear. Te percatas, allí está el cofre, tu colección de papiroflexia, tus origami. Sabes que no debes hacerlo. No quieres hacerlo. No puedes. Ya no tienes el control, requieres papel. No eres tu dueño. Abres la caja del tesoro, lloran tus ojos, la sombra del vacío. Tus pupilas se dilatan. La ira. Extiendes cuidadosamente los trofeos: te mira la grulla, sonríe el cisne, croa la rana, bufa el dragón, gime el conejo, huele la margarita, salta la cigarra, corre la pajarita, vuela el avión, navega el barco por las aguas de tu desesperanza. Embisten, arremeten contra tus sueños. Lloras, estás desahuciado. Reintegras, abates la tapa. Se suicidan los fonemas, zozobran las ideas, naufraga la inspiración. Hay sentencia, escuchas el veredicto: de nuevo has perdido.
Texto: Xavier Blanco Luque