16 marzo, 2011

Te deseamos todos


— Fran, más inclinado el cuello, así, así, muy bien, perfecto- en cuclillas, la cara oculta por la cámara- Marta, los labios entreabiertos, más hacia el borde, el culo, más al borde del asiento, sí, junta la rodillas, más, más Marta, va que ya acabamos, - se despega la cámara, la mira sonriente, con barba de dos días. 
Los pasajeros colaboran con el fotógrafo, 100 euros en el bolsillo compensarán la bronca por el retraso, han entendido su papel. 
— Marta, la pierna, la izquierda, sin despegar las rodillas, estírala más, por favor deshacedle un poco más los cordones, más sueltos, quieta, así, así princesa, maravillosa , perfecta, Fran atento, ya estamos. Perfecto. Ya.
— ¿Ya?, ¡dioooosss, me duele todo! Tres horas, cariño, ya sabes que no suelo quejarme, pero es una postura insufrible, estoy helada.- Marta se encoge, le ponen una bata sobre los hombros. Sin gafas, sus ojos dejan ver el cansancio de la sesión de hoy, se siente satisfecha. – Gracias, amigo, seguro que son maravillosas. 
Tres días después Marta acudía al estudio del genio para ver las pruebas. Muy buenas. Era díficil seleccionar una. Como siempre, su prestigio haría que diesen la vuelta al mundo. 
La imagen era lo suficientemente explícita: trabajo, trabajo y más trabajo, estaba harta de sus excusas, cuando la recibiese se arrepentiría de haberla dejado plantada el día de su cumpleaños.
Texto: Isabel Mª González Verdugo
Narración: La Voz Silenciosa
Más sobre este texto aquí