10 abril, 2011

Absorto en mi mirar


Y así, absorto en mi mirar, tan a lo lejos como a lo cerca, me miro mirando desde ésta mi atalaya y sin espejos. ¡Sorpresa! me digo y sigo observando. ¿Tan sencilla y dulce es la primavera? Con su vivo brotar, y en su respirar; ¿Por qué querer poseerla?.... Tan entera, tan genuina, tan bella en el suspirar. Y es hermosa, y en que poca cosa Ella se tiene, ¿Será la ausencia en Ella de egoísmo? ¿Será el restringir de sí el deseo? ¡Ay bella! Siendo genuina por ser puro altruismo, ausencia de defectos, que a nosotros condenas, y a poseer todos ellos. Perdidos andamos de nuestros centros, Siendo catástrofe de todos aquellos. ¿Será sabia la criatura descrita? Que en su aparecer grato se enardece y disfruta sabiéndose semilla de primavera pasada que crece; Siendo al Sol del verano calentura, de la lluvia en otoño, sed y caída, y en invierno yacer siendo futura. ¡Ay primavera! Nacida poseída de amor, ¿Será sabia la susodicha? Que en su paso efímero nos regala un mañana eterno, y lleno de dicha. ¡Sí! Una próxima y muy bella antesala. Y sonríe al verse sacrificada tras el ciclo, sabedora de vida. Pues su regalo, su vida adorada; No será ni en vano, y nunca perdida. Alcanzará, con ello la eternidad; porque entendió su existir tan efímero, que de ser ésta estéril en humildad condenaba al futuro venidero de amor en vida, y a los demás dado. Si tan solo ella fuera una en su yacer otoñal, la nada hubiera quedado. ¿Será sabia la susodicha al nacer? Absorto en mí mirar, tan a lo lejos como a lo cerca, me miro mirando desde ésta mi atalaya y sin espejos. ¡Sorpresa! me digo y sigo observando…
Texto: Ramón María Vadillo Carazo
Narración: La Voz Silenciosa