11 abril, 2011

Un pequeño problema

A mi mujer no le gusta que le fastidie sus estrategias, pero esta vez no será como las anteriores. Quisiera creerla, pero ya nada es lo mismo desde que utiliza esa excusa tan poco convincente: “volveré tarde; he quedado con unas amigas para ir de compras…” Es una buena ocasión para derribar su ego y minimizar su arrogancia. Me plantaré delante y, tras su mirada de asombro e incredulidad, le diré con voz pausada: “No te imaginas lo que me duele el constatar que te avergüenzas de mi desde que tuvimos el accidente…” Hasta sería capaz de darme la vuelta y volver caminando. El problema es la silla de ruedas… 


Texto: Miguel Ángel Díaz Fuentes