04 mayo, 2011

He vuelto a morir


Cuando morí anoche, no me acordaba que vivía en un sueño, mi refugio, el lugar donde mi imaginación descansa sin dejar de sonreír, donde mis emociones se burlan de la realidad, como si estuviesen ebrias y excitadas, donde el cuerpo se libera de las líneas que lo encorsetan y se difumina, volviéndose etéreo y perdiendo esa pesadez que lo hace sólido. Sin ningún tipo de tratado, yo renuncio a cualquier forma de luchar contra mí, extendiéndose una tregua de largos veranos.
Pero anoche, sin previo aviso, se abrió la puerta de la libertad y una luz barrió toda mi esencia, proyectándose sobre la superficie del espejo, como un vendaval lleno de furia y rencor. De pronto todo quedó en medio de una oscuridad silenciosa y fría. El tiempo se congeló, el espacio se deshizo como si nunca hubiese estado allí y el tic-tac del viejo reloj enmudeció.
Anoche, cuando morí, desaparecí para siempre en el preciso instante en que desperté.


Narración: Jose Francisco Díaz-Salado