18 junio, 2011

La sombra de tu tumba

Terror y arte se conjugan en el último film de Frank Kilt.

Cuando definimos una película como thriller, a todos nos vienen imágenes y sensaciones muy diferentes, imágenes que nos traen a la memoria secuencias de películas memorables como: Los pájaros, El exorcista, El resplandor etc. Cuando nos proponen un film relacionado con este género, se nos plantea la duda de si es el tipo de terror que, realmente, nos gusta y si merecería la pena verlo.
Hoy me toca hablar de una de esas películas que pasará a los anales del cine de terror: “La sombra de tu tumba”. Ambientada en las calles tenebrosas del Londres del XIX, el director nos envuelve en una atmósfera que nos hace acompañar a la protagonista durante toda la historia, nos hace partícipe de cada uno de los sucesos que se narran, acelerándonos el corazón, tensionándonos la piel, exprimiéndonos los sesos para resolver enigmas inauditos.
Es una película que no podríamos encuadrar en
un solo tipo de terror, ya que contiene connotaciones de terror clásico, por el tipo de escenario escogido, terror realista, por la criminología que envuelve a la trama, terror fantástico con la creación de un personaje sobrenatural que, desde mi punto de vista, es de lo mejor que tiene la película. Un personaje que se nos mete en nuestro cuerpo y nos provoca tantas emociones que vamos olvidando su condición inmaterial y terminamos aceptándolo como algo natural y verosímil en la historia. Por último, la guinda, el terror psicológico manteniendo un halo de suspense durante los 120 minutos que dura esta obra maestra del cine independiente.
Podemos decir que el director, Frank Kilt, , ha unido el suspense de Alfred Hitchkock, la magia fantástica de Stephen King, la caótica violencia de Quentin Tarantino, la intriga psicológica de Stanley Kubrick y las extravagancias únicas de Francis Ford Coppola.
Si usted quiere pasar miedo, en cualquiera de sus formas y manifestaciones no dejen de ver esta genialidad con mayúsculas: “La sombra de tu tumba”.
Después, la pesadilla continuará en sus sueños.

Crítica: Orson Pozos