15 agosto, 2011

El silencio y el olvido

Hoy la bruma de tu recuerdo disimula el tañer de las campanas, ésas que resuenan en mi clarividencia, tocando a olvido. Ya sólo me quedan palabras sencillas, las más francas, las más dulces; palabras torpes, trazos llenos de nostalgia y de melancolía. Hoy quisiera no escribirte, no decirte nada, quizás declarar que tu omisión ya no lastima, que tu evocación ya no hostiga hasta extenuarme, que tu añoranza ya no tambalea mi alma. Hoy quisiera no escribirte, no decirte nada, pero algunas veces el silencio y el olvido se fusionan y crean una neblina gris, densa, que avanza sigilosa, taciturna, muda, que me paraliza, me detiene, me cesa. Sí, hoy quisiera no escribirte, no decirte nada, pero hoy la luna será llena, y cuando tu reflejo eclipse mi contorno y el ámbar de tus ojos invada mi memoria, tu fragancia asaltará mis pupilas y el sabor de tus besos irrumpirá en mi mente. En ese relámpago retornaré a morar en la ciudad de la tristeza, desamparado, desguarnecido de ti, y la calina de tu escasez, convertida en abandono, volverá a ser la dueña de mi existencia. Anhelaba ser tu loco fantástico, el pirata de tus sueños, pero el olvido ahoga, oprime, avasalla, me esclaviza, y ya no soy yo, soy otro que ni siquiera distingo, perdido... disipado por tu silencio. Cosas del amor.
Texto: Xavier Blanco