29 agosto, 2011

Nada es lo que parece


─¿Su mujer? --Preguntó el barman mientras adornaba las caipiriñas con alegres minisombrillas de colores.

El rostro se le retorció con una expresión entre duda y extrañeza.
─Tiene muchas perras. ¡Qué le vamos a hacer!
Lo esperaba en la orilla, recostada en la hamaca, con el pelo encrespado de tanto tinte, las carnes colgonas renegridas por el sol y su sonriente boca arrugada mostrando una dentadura gastada por el tiempo.
─¡Qué bueno que te haya tocado la lotería mamá!
─ Y mejor premio aún que me hayas querido acompañar en este viaje. El que me prometió tu padre desde que nos conocimos.
Sus ojos se aguaron mientras le daba un sorbo a la bebida y apretaba fuerte la mano de su hijo invitándolo a sentarse a su lado.
Ambos se quedaron juntos, abrazados, vigilados por la atenta mirada de un camarero que retorcía su imaginación y juzgaba indignado lo que no conocía.


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Narración: La Voz Silenciosa