21 septiembre, 2011

Ojos líquidos


Ojos líquidos de insondable mirar, de centelleos acuosos que invitan a explorar oscuridades ignotas. Ojos misteriosos que imantan voluntades atrayéndolas a sus profundidades abisales para sumergirse hipnóticas a buscar más abajo, más adentro. Ojos solitarios anhelantes de ser examinados, deseosos de iluminar y ser iluminados, ignorantes de su poder silencioso. Mirada fina, a veces afilada y otras sombría cuando se debate en las incertidumbres del claroscuro. La luz que penetra todavía solo a medias por temor a que alumbre rincones en tinieblas, sin sospechar que la claridad volatilizará los miedos espectrales adheridos al fondo de la caverna que empieza a agrietarse.
Hacia arriba y hacia afuera el día resplandece exuberante, pletórico y fecundo, sobrado de la vida. La tentación es bidireccional: la mirada líquida pulsa por derramarse atravesando los muros represivos de la contención, incontenibles, ingobernables, descontrolados, desbordantes, exultantes.
Y la luz lo invadió todo, y no quedaron vampiros en el reino de los mortales, ni fantasmas diurnos, ni deseos reprimidos, ni príncipes ni princesas.
Ojos, miradas, amores líquidos, lo humano también es líquido, no sólido, sino líquido.

Narración: La Voz Silenciosa