09 septiembre, 2011

Sueños de un vegetal


"Le salvó el cinturón", la frase atravesó las brumas del coma y rebobiné la película del accidente. Alguien me quitaba la aguja del gotero, las jeringas eran sacadas de la habitación núm. 513; se deslizaba una maquinilla de afeitar por mis mejillas y me crecía la barba. Una enfermera me subía unos calzoncillos sucios; por último, desconectaban el respirador y me sacaban en camilla de la UVI. La ambulancia salió disparada marcha atrás con las luces de señalización parpadeando para que un equipo de emergencias médicas me incrustase en el amasijo de hierros y cristales triturados. Mi coche recorrió desde el punto del impacto 60 Km. a 120 k/h por la autovía Sevilla-Huelva, aparcaba en mi plaza de garaje, me quitaba las gafas de sol y las guardaba en la guantera. Desajustaba el á! ngulo del espejo retrovisor y me desabrochaba el cinturón. De súbdito mi vida se reinició: ajusté el ángulo del espejo retrovisor, busqué las gafas en la guantera, salí de mi plaza de garaje, recorrí a 120 Km./h. los 60 km. de la autovía Sevilla-Huelva y me incrusté en un amasijo de hierros y cristales; por fin, escuché la voz apenada del jefe de la unidad del SAMUR, "nada, iba sin cinturón".
Texto: María Dolores Rubio de Medina