24 octubre, 2011

Pasaje a la India

Siempre me han gustado las novelas ambientadas en la India, aunque en casi todos los casos se trataba de la  etapa colonial: desde Kim , de Rudyard Kypling pasando por los relatos de Sherlock Holmes, la tetralogía El cuarteto del Raj, de Paul Scott o Pasión India, del reciente ganador del premio Planeta, Javier Rojo. Fascinación que se extiende a las películas –clásicos como Tres lanceros bengalíes o Las cuatro plumas- y series como La joya de la corona, basada en los citados libros de Scott.  Pero la India  actual, la real, no la mitificada por la literatura o el cine, es la gran desconocida.
Había leído hace algún tiempo dos libros que que reflejan esta  India actual y cuyos autores son además indios, o hindúes, como prefiráis. Comparten algo más: a medida que transcurría el tiempo desde que los había leído más me gustaban. Estoy convencida que hay libros que necesitan cierto reposo para que podamos saborearlos.
A uno de ellos, Seis sospechosos le dediqué esta reseña; al otro, Tigre Blanco,
lo recomendé en alguna ocasión. Hace unos días, mientras daba vueltas por la biblioteca esperando que algún libro “me llamara” me encontré con él, como diciéndome: -¡Ya va siendo hora de que hables sobre mí.
Con esta su primera novela el autor, Aravind Adiga obtuvo el premio Man Booker 2008. Pero independientemente de ello –cada día dudo más de los premios y galardones como indicadores de la calidad de una obra o su autor- lo cierto es que se trata de un buen libro que  ha pasado de puntillas entre los lectores españoles.
Podemos encuadrar esta novela dentro del género epistolar. El protagonista –Tigre blanco, un hombre racional y un empresario- al enterarse de la noticia de que un primer ministro chino va a visitar la India  y quiere: “conocer Bangalore de Verdad”  decide que va a “decirle gratis toda la verdad sobre Bangalore…” A lo largo de siete noches  y sendos  correos electrónicos  le irá contando la historia de su vida.
Si decía de Seis sospechosos que podía ser la versión india de Agatha Cristhie, Tigre Blanco podría perfectamente serlo de nuestro Lazaro de Tormes. Tal como sucede en el Lazarillo, Balram Halwai (Tigre Blanco) también le cuenta su vida, desde su nacimiento hasta el momento actual y como va “ascendiendo” en la sociedad. Como ha conseguido pasar de tener que abandonar la escuela para ir a trabajar machacando carbón a convertirse en chofer en Delhi, a donde llega no sabemos si huyendo de la miseria o de su abuela Kusum –todo un personaje-  y terminar como empresario radicado en el centro mundial de la tecnología y la subcontratación.
Mientras lo hace, nos va mostrando ese lado menos edulcorado y puede que incluso sucio y  maloliente pero muy real de la India. Una realidad y un texto que no resulta amargo ya que el autor consigue atemperar el sarcasmo con el sentido del humor.
(...) Le recomiendo que no se dé un chapuzón en el Ganges a menos que quiera llenarse la boca de heces y paja, de pedazos empapados de cuerpo humano, de carroña de búfalo y de siete clases distintas de ácido industrial. 
En la puerta verá al miembro más importante de la familia.
Un búfalo de agua.
Ese animal -una hembra- era también el más gordo de la familia; igual que en cualquier otra casa del pueblo (...)