27 noviembre, 2011

Campanadas

Doce cucarachas negras salen de su boca entreabierta, como doce uvas pasas.
Entre sus manos una hoja amarillenta. La pluma descansa sobre una frase, trece letras de molde ataviadas con adornos navideños y escarcha entre los trazos.
Un disco de vinilo repite incesante su último giro, mascullando las debilitadas notas de “campana sobre campana”.
El olor a decadencia vive incrustado en las paredes, rebosa por los resquicios de una puerta lúgubre, en pleno centro de la capital infestada de bullicio y consumismo.
Tras el ventanal de su cuartucho, se observa la falsedad de un papá Noel disfrazado por diez euros, las máscaras cubiertas de pelos de los aprendices de Magos sin Rey, las tintineantes luces cuarteando unos árboles de navidad sintéticos.
El viejo escritor, con el plumín sumergido en tinta y pergaminos amarillentos amontonados, quiere descubrir la originalidad inventando su muerte. Tropezarse con la fama el día de Noche Vieja, el día en que la hambruna se esconde bajo ostentosos guisos, el día en que los eternos optimistas intentan convencer que habrá un mañana mejor, la noche en la que todos abrazan una esperanza tras doce campanadas.
Esta noche quiere confundir a todos con la frase que oculta su puño, con la postura de un eterno descanso y con su obra apilada carcomida por la espera.
Esta noche la fama golpea la puerta con una muerte anunciada y una frase sin acabar:
Feliz Año Nuevo…
Texto: Inma Vinuesa
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