24 noviembre, 2011

Canguelo

Torre en Brihuega (Guadalajara). Miguel A. Brito
El retorno de…
Había fiesta en la comarca de Canguelo, pues el futuro rey regresaba de una de sus largas cruzadas. Al fin, entró por el gramíneo sendero del pueblo, empuñando en su famélica mano el distintivo estandarte púrpura del Samán. Ya rodeado de sus súbditos, exhibía orgulloso, montado sobre su negruzco caballo, las cicatrices de las heridas causadas en las cruentas contiendas; alborozos, aquellos lo vitoreaban y él, gentilmente, se detuvo un minuto para que los fieles lo palparan muy cerquita y decidió hablarle a su gente con las pasiones más ocultas que ni su corazón conocían. Levantó su espada al cielo y profesó: “¡…Canguelo cambiará muy pronto, se los prometo…!”. Se le aproximó uno de sus soldados para susurrarle algo al oído y al instante pronunció: “¡Seré el futuro rey, pues me informan que mi padre se encuentra grave de salud y debo acudir a verlo de inmediato!…”

Carlos Rafael V

Esa trágica noche del 4 de febrero de 1892 fue acusado de haber envenenado a su anciano padre, ¡el padre del pueblo! En ese tiempo, las recientes autoridades de estandarte blanco, aparte de la presión ejercida por el vulgo, no habían encontrado suficientes pruebas para mantener más tiempo en las tenebrosas mazmorras a Carlos Rafael V. Ya indultado, sin privilegios ni insignias, se encontraba como un hombre libre caminando las empedradas calles de la comarca, pero sin gozar de honorable caballero y soldado del reino. Aparentaba no importarle toda esa parafernalia, simplemente soñaba con la promesa ofrecida a sus fieles: de cambiar los degenerados vicios que hubo y que hay en el presente. Meses después en un plan suicida, intentó derrocar al corrupto gobierno y fracasó, sembrando un mensaje para los estandartes púrpuras: “¡Compañeros!, lamentablemente por ahora los objetivos planteados no fueron logrados, ya vendrán nuevas situaciones…”.
Escribiendo ilusiones
Los que picoteamos un día de la mano del rey, al presente, asumimos inclinarnos para comer ahora de sus pies, porque ya no es legítimo mirarlo a la cara. Exiliado de la comarca por el propio monarca, borroneo los libros que no desean recordar aquellas encarnizadas batallas contra los estandartes blancos, verdes, amarillos, naranjas…, y otros que fueron aplastados por las zarpas enceguecedoras del poder. En Canguelo, se escriben exclusivamente ficticias historias sobre los doce últimos años de los estandartes púrpuras del Samán. Los que depravamos nuestra dignidad, nos vimos obligados a lamerle los pies al rey. Todo el vendaval de ofrecer castillos libres se ahogaron en un océano de tiranía. En lo clandestino, reflexiono los edictos del Samán, y por qué hoy somos esclavos de errores del pasado. En Canguelo, ya nada parece escandaloso, porque los tembleques ojos del pueblo se han acostumbrado al comiso mental.
Texto: Garla Kat