23 noviembre, 2011

Error


De mi árbol de Navidad colgué un corazón. Sangraba y lo aparté. Quedó el piso manchado de rojo. Un granate espeso y tibio.
Colgué luego una estrella. Su luz mortecina atraía las mosquillas.
Algo más tarde, encontré unas bolas doradas. El brillo era opaco, con grietas por donde salía el plástico de las entrañas.
Lo rodeé de hilos de plata, regalo de la luna nueva. Se quebraron como las hojas del parque. Acurrucado en las ramas, sonreía burlón un gnomo de barba larga y cachetes sonrosados. Cuando quise atraparlo, se escabulló entre las grietas de la corteza. Hastiada de tantos inconvenientes, salí a la calle.

Recorrí el paseo entre las acacias somnolientas, nada confortaba mi alma descolorida, ya la Navidad no era la de mi infancia. Lucía el sol y el mar, lejano y plácido, tocaba a las puertas del verano.
Texto: Virginia González Dorta
Narración: La Voz Silenciosa
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