13 noviembre, 2011

Código de barras lineal

Título: Código de barras lineal
Autora: Krisztina Tóth
Portada: ilustración de Susi Artal.
Páginas: 180
Medidas: 21x14 cm.
Encuadernación: rústica
Año de publicación: 2010
ISBN: 978-84-92890-06-4
Precio: 16€
Apenas sabía nada  de Hungría  antes de elegirlo como destino de viaje para el pasado septiembre. Probablemente fue ese desconocimiento el que me llevó  a incluir  la lectura de algunos autores húngaros en los preparativos del viaje. Por una de esas casualidades austerianas, en la fería del libro de Madrid me encontré con una caseta dedicada a la literatura de ese país. Allí, tras pedir recomendación sobre autores y títulos, compré el libro del que quiero hablaros: Codigo de barras lineal, de Kristina Tóth.
El libro es un conjunto de relatos narrados desde el punto de vista de su protagonista –a veces mujer, a veces niña o adolescente. Está  ambientado, aunque no da fechas concretas, en los años finales del comunismo, que aparece como transfondo de unos  relatos de carácter intimista ya que tratan, fundamentalmente, sobre relaciones personales.

Antes de leerlo se lo presté a mi hermana que también viajaba a Hungría, aunque por motivos laborales; me comentó que era un libro muy duro. Cuando llevaba varios relatos leídos, le dije que estaba pensando en no continuar leyendo, porque me resultaba muy desazonador. Además de su -te lo advertí-  dijo algo que me parece una buena forma de describir este libro: Es un libro que desprende frío. 
Si me preguntaráis si me gustó el libro no sabría responderos. Sin embargo, no fui capaz de abandonarlo; una especie de atracción me hizo seguir leyendo -eso sí, intercalando sus relatos con otras lecturas.
No puedo evitar establecer cierto vínculo con El mes más cruel, de Pilar Adón. ¿Qué tienen en común ambas escritoras? Además de su juventud, comparten la condición de poetas y traductoras.  En cuanto a los libros, ambos son conjuntos de relatos pero, mientras Pilar Adón nos ofrece un mundo onírico, y una naturaleza salvaje y exuberante, Krstztina Toth  nos sumerge en una  gélida y gris realidad. 
En realidad comparten algo más: ambos son libros que no dejan indiferente.