09 noviembre, 2011

¡Desperté!

Abrí lentamente los ojos. En la penumbra, aún somnoliento, comencé a pensar. Tirabuzones entrelazados que mi mente iba deshaciendo fluían con una claridad increíble.
Pude ver en un instante tantas cosas claras, que llegué a creer que ese día algo había pasado en mi interior. ¿Dónde exactamente? ¿En mi cerebro? ¿En mi corazón? ¿En mis entrañas?
A modo de fotogramas pasaron ante mí muchos años de mi vida. Años en los que todos y cada uno de mis actos, de mis decisiones, fueron aceptadas por mí como lógicas, como acertadas.
Ahora no sé por qué motivo no lo entendía así. Comprendí que puse un parche a cada pinchazo en mi piel por el que se me escapaba la razón, el sentido común y la credibilidad.
En mí mismo no cabía todo lo hecho, todo lo decidido, todo lo realizado.
Entonces… serenamente… con infinita y dolorosa claridad lo sentí profunda e intensamente…
¡Había despertado mi conciencia!
Texto: La Voz Silenciosa