10 diciembre, 2011

Brillo estéril


Las estrellas se me antojaban muy lejos y zarandeé el cielo. Cayeron como hojas de otoño. Nunca tuve ninguna duda, sabía que acabaría mal. No necesitaba una razón.

¡Niño!, ¿qué hiciste?Me riñeron, no podía ser de otra forma. 

¡Bárrelas!me ordenaron.

No están tan lejos susurré. Su no contestación caníbal devoró mi respuesta.

Las barrí sin que me dieran escoba, metiéndolas bajo la alfombra. No necesitaba para ello una razón.


Las estrellas están muy lejos, pertenecen al cielo, son intocables, sus puntas pican y son inaccesibles me sugestionaban. Esa era su razón.

Bajo este cielo, viven invidentes, que rezan por el malpensé—. Saben mi nombre, pero yo no sé el mío. Les adelanto para abrirles el camino. Metí las estrellas bajo la alfombra, sabía que todo acabaría mal. Y ahora tengo mi razón. Quiero oler y masturbar mi interior. Regalar lo que siento. Estar fuera de control. ¡Quiero hacerles ver!

Texto: Francisco Concepción Álvarez
Narración: La Voz Silenciosa