17 diciembre, 2011

¡Es mi Navidad!

Cuando me encargaron la absurda tarea de tirar de un trineo, lo primero que pensé fué rebanar los muslos de los renos que me dieron como ayudantes.
Tenía que reir recorriendo kilómetros desde mi oscura morada hasta allí abajo donde, cuentan,todavía sueñan con mis barbas blancas y mi traje rojo. ¡Si supieran que mas de una vez ha vuelto a casa lleno de sangre inocente que se acercó demasiado a verme entrar por la hollinera chimenea¡.¡Ilusos¡. El primer año que lo hice no estuvo mal.Mientras la nieve cortante acampaba bajo mis falsas botas, yo me dediqué a observar las caras inocentes de los pequeños que pegaban ojitos brillantes a las ventanas, manitas estúpidamente gordas que buscaban un árbol, regalos imberbes que pasaban de mano en mano.
Y....reían aparentando felicidad. Ofreciendo entre villancicos, los polvorones que odio y me atragantan, los turrones que parecen tierra del infierno: duros, secos.
No sospechan que en la bolsa está Anna. Dormida.Amarrada.
No imaginan que la llevo a casa cruzando heladas montañas dejándo atras padres amantísimos que enloquecerán cuando amanezca.
Ella irá en el frasco grande, al lado de Martha.
Espero que esos malditos renos terminen ya de fornicar a destiempo para poner kilómetros de por medio a esta infame Navidad...
Texto: María Magdalena Padrón M.
Más relatos de Navidad aquí