17 diciembre, 2011

¡Lo que quería!

Abrió el regalo, miró a sus padres y puso cara de asombro. Soltó una carcajada perfecta, dejó el paquete en el suelo y salió corriendo por toda la casa gritando de ilusión: ¡lo que quería! ¡lo que quería!
Sus padres, orgullosos, dejaron que siguiera explotando su felicidad por cada rincón de la vivienda.
Él niño, por dentro, lloraba al saber que el sueño se había acabado la noche anterior, cuando por la rendija de su puerta, al oir ruidos, se enteró de todo y supo que no, que los reyes no son los padres como le habían dicho tantas veces en el patio del colegio. Que realmente son tres viejos vestidos de colorines y con olor a camello los que vienen desde muy lejos para llenar de alegría las casas. Ahora le tocaría disimular. ¿Hasta cuándo?
Qué chasco.
Texto: Carlos Díaz González
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