15 diciembre, 2011

Y Eva se encara con Dios

A esa hora de la tarde
los edificios más altos
alargan su sombra hasta la misma orilla.
¿Tanto te importó que me fuese con Adán?
¿No puedes asimilar que me acostase con él?
Sé que me dedicaste los mejores años de tu vida
pero tu reacción es desproporcionada,
y toda esa metáfora de la manzana…
Acéptalo. Eres aburrido.
Necesitaba probar algo
más allá del intelecto
pero tú tenías que exagerar,
cerrar el paraíso,
hacernos mortales…
Si no me querías orgasmada,
¿para qué me diste este clítoris?
Él agachó la cabeza
con el sabor agridulce
del creador que admite
que su obra es tan auténtica
que desmonta sus argumentos.
Es la primera vez que nota la arena fría.
Se pregunta por qué dejó construir
aquellos rascacielos que ensombrecen la playa.
Acepta en una sola tarde
dos de sus mayores errores.
Pero volver a ver los pechos de Eva
saltando por encima de la ola
le devuelven su malévola sonrisa.
Autor: Indio Zammit