14 enero, 2012

Caligrafía


Concreto, conciso, certero. Apuntó los términos en un post-it para que no se le olvidaran. Cuando llegó a la oficina, lo arrancó del corcho de la pared y se lo leyó a Marcela como si lanzara una saeta en la diana: “Estás despedida”.
Marcela lo miró con cara de naranja amarga. Cogió el abrigo y el bolso que colgaban del perchero en la penumbra; dejó la mesa empantanada y sin pronunciar palabra, se fue.
Cuando Enrique llegó a casa, la música salía por debajo de la rendija de la puerta. Antes de salir del ascensor ya la oía. Abrió la puerta y dirigiéndose a la cadena musical bajó el volumen. “Viva la vida, viva la vida…viva…”
Sobre la cómoda de nogal encontró esta vez un post-it, dirigido a él: “Adiós, ahí te quedas. Ya te puedes buscar a otra secretaria, cocinera, lavandera, planchadora… y amante”. 
Marcela siempre había presumido de una esmerada caligrafía.
Texto: Carmen Martínez Marín
Narración: La Voz Silenciosa