15 enero, 2012

El balneario

En principio, el firme juramento que hice a Socorro, mi mujer, sobre las causas de mi resaca, detenida  sin recursos… no evitó el número que monté detrás de los muros de mi colegio de abogados, durante los  días de  huelga. En plena batalla, por impago de honorarios.
Mi balneario, idéntica fachada y semejante estructura a la del colegio profesional, solo le quedaba a escasos metros.
Aquella noche, bloqueado por los acontecimientos,  cerré los ojos en  su  sauna panorámica, quise disfrutar del paraíso: del vapor de sus baños y de  los vapores del coñac. En su piscina climatizada, seguí el método del vapor de hierbas, a cuarenta grados.
El amanecer, matizado de niebla, y la imposible orientación que mi estado  “cautelar” permitía, me llevaron a la calle ¡fatalidad! Atravesé  puerta y despacho del colegio, donde nuestros representantes acordaban medidas; recrudecidas… En paños menores contuve una explicación, y la toalla que caía.
Texto: Calamanda Nevado Cerro
(NOTA: Microrrelato finalista correspondiente al mes de julio de MICRORRELATOS DE ABOGADOS)
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