11 enero, 2012

El reloj de péndulo.


Un tipo va por la calle, pero la calle está llena de tipos. Tipos de todo tipo. El tipo se angustia y se vuelve a su casa, donde también se angustia. Todo tipo de angustias se abaten sobre el tipo. ¿Qué tipo de vida es ésta?, se angustia el tipo. El tipo sigue yendo de la calle a su casa, sin saber qué hacer con tanta angustia.
Un día conoce a una tipa. No parece angustiada. El tipo se emociona y aparca sus angustias, que reaparecen cuando más tranquilo está. De pronto, el tipo y la tipa se angustian mutuamente, y todo se vuelve un lío que ninguno de los dos es capaz de desanudar.
Ahora sí que el tipo ya no sabe qué hacer. Entre la angustia de la multitud
y la angustia de la soledad parecía haber un remanso, pero las aguas del remanso se han enfurecido y el tipo, que no sabe nadar, consigue salir a flote sin entender nada. ¿Qué tipo de oleaje es éste que deja salir a flote a un tipo como yo?, se sorprende el tipo, que tiene una pregunta para cada tipo de situación.
Cuando quiere darse cuenta, el tipo ha aprendido, digamos, a oscilar entre las tres situaciones: a veces se da un atracón de multitud, a veces se encierra hasta el hartazgo, a veces vivir de a dos parece ser placentero. A veces el tipo hace tríos: multitud, soledad y tipa. Pero el tipo se angustia haga lo que haga, así que el tipo decide que es lo que hay, y así se lo dice a la vida:
- Cuando tienes razón tienes razón.
Y el tipo deja pasar la vida entre angustias sin remanso y remansos de angustias escondidas. Fuma cigarrillos, bebe alcohol, juega al fútbol y cena con amigos. En ocasiones se le olvida que la vida tiene razón y se deja llevar por ataques de ira de un negro insondable. De tanto en tanto conoce a grandes tipos pero siempre tiene presente la frase de La Bruyère, que decía: “Cuanto más se acerca uno a los grandes hombres, más cuenta se da de que son hombres”.
Texto:  Rafael Blanco Vázquez
Narración: La Voz Silenciosa