11 enero, 2012

Llora hasta que los mocos te devoren


–¡Debes llorar!
–Pero no tengo ganas.
–Debes hacerlo, cualquiera en tu circunstancia naufragaría en sus lágrimas.
–Ya, pero no soy capaz.
–Es imposible. ¡Tienes que llorar!
–No puedo.
–¿Pero te duele? ¿Estás hundido?
–Me duele hasta paralizarme. Más allá de morir. De respirar hojillas de afeitar.
–Inténtalo. Es lo que toca. ¡Llora!
–Lo voy a intentar.
.../...
–¿Ya?
–Lloré seco, sin lágrimas. Interpreté. No tengo lágrimas.
–¿Estás mejor?
–No lo sé.
–Entonces no has llorado lo suficiente.


Texto: Francisco Concepción Álvarez
Naracción: La Voz Silenciosa