09 enero, 2012

Insólito


Detrás  de mí, en el umbral de la puerta, escuché el sonido de su voz. Al girarme me encontré con su fulminante mirada sobre mis pechos.
-Si te lo tomarás con calma, a lo mejor… - dijo acercándose a mí, mientras yo apenas logré balbucear unas palabras.
¡Tomármelo con calma! ¿Cómo podía estar calmada, si me tenía acorralada en mi propia habitación?
En un instante su mano tocó mi hombro. Di un respingo asustada. Me cogió de la mano  apretándola con fuerza, y tiró de mí hasta la cama, obligándome a  sentarme en ella y situándose junto a mí.
Pensé que estaba perdida, que iba a violarme, pero, de pronto, sucedió algo increíble. Me cogió las manos y dándome unas palmaditas empezó a tararear…
-Palmas, palmitas, uvas y castañitas, para las niñas que son bonitas ¿Jugamos otra vez...?
-Jorge, la comida está en la mesa. -Se escuchó desde casa de la vecina.
-Mi mami me reclama, otro día jugamos ¿vale? –dijo, desapareciendo tal y como había entrado, por el umbral de la puerta.
Texto: Nuria de Espinosa
Narración. La Voz Silenciosa