25 enero, 2012

Una temporada para silbar

Título: Una temporada para silbar 
Autor: Ivan Doig 
Traducción: Juan Tafur 
Pvp: 21,95€
ISBN: 978-84-92663-42-2 
Formato: 21,5 x 14 cm. 
Págs.: 360
Quería empezar este año esférico recomendando algún libro que sirva como antídoto para el ambiente de miedo y pesimismo que nos invade; que nos sirviera para poner, parafraseando el refrán, Al mal año, Buenos libros. No se me ocurre mejor opción que una de mis primeras lecturas del 2012.

¿Habéis sentido esa avidez que te hace seguir leyendo, la renuencia a cerrar el libro aunque otras tareas te reclaman o la sensación de tristeza porque hemos llegado a la última página? Todo eso provocó en mí. Comprendo perfectamente que los editores de Libros del Asteroide hayan elegido el verde para la portada de Una temporada para Silbar. Si tuviera que describirlo con una sola palabra, sería luminoso.

Como tantos otros autores americanos, Ivan Doig nos ofrece un libro en el que no pasa nada, no hay grandes pasiones, dramas o afanes de venganza; tan solo la historia de una familia -un padre viudo y sus tres hijos- y sus convecinos durante “una temporada para silbar” (si os llama la atención el título tal como me sucedió, al poco de comenzar sabréis el por qué del mismo).

El libro habla
del amor filial, de la amistad, de la camaradería y la solidaridad entre todos. De
la asunción de que nuestras acciones, las pasadas y las presentes, tienen consecuencias y debemos responsabilizarnos de ellas. Habla también del disfrute del aprendizaje cuando nos encontramos con un maestro que es capaz de acercarnos el conocimiento como un juego.

A Doig se le ha comparado con Edward Wallace; tiene mucho en común con él. La narración en primera persona por uno de los protagonistas; la vinculación del narrador-protagonista con la docencia. Su estructura se asemeja a la de En lugar Seguro; el narrador-protagonista regresa a un lugar de su pasado y una vez allí recuerda, en este caso su infancia. Comparte con Angulo de Reposo, la referencia a los pioneros o las obras de ingeniería y los conocimientos prácticos en esta materia

Comprendo que algunos blogueros lo relacionen con Cuatro Hermanas de Jetta Carleton. También en esta novela, el punto de partida es el momento actual (una reunión familiar) que hará recordar el pasado de esta familia. Pero sobre todo en lo que coinciden es en que ambas nos muestran personas que no son santos ni pecadores, sino gente normal y corriente, con sus cosas buenas y malas, sus luces y sus sombras.

Me recordó también a El Camino, de mi queridísimo Delibes. Ambas son novelas circulares; un punto de partida que hace que los recuerdos se desplieguen ante él para, al final de la novela, volver a ese mismo lugar. También en ambas, los grandes protagonistas son los niños.

Un libro-medicina, de los que nos reconstituyen el alma en los momentos de bajón. Una lectura que es un auténtico placer en cualquier momento.
Como siempre, Libros del Asteroide, incluye al final una frase de otro autor, relacionada con el libro. En este caso: “Me ha gustado recordar tanto como me ha gustado vivir” de William Maxwell