20 febrero, 2012

En el último momento


Empecé a notar como el pulso me golpeaba las venas, cada vez con más fuerza. Me agarré a la barandilla de la cama asustado. Tenía la extraña sensación de que el techo se me venía encima.
¡Te estás muriendo! ¡Te estás muriendo! Gritaba mi corazón que latía a un ritmo frenético. Intenté levantarme pero algo me lo impedía.
El aire empezaba a faltarme en los pulmones y un sudor frio comenzó a cubrirme el rostro.
¡No, no estoy enfermo! Sólo he tenido un mareo –replicaba mi mente con insistencia-.
Y en aquel momento le vi. Frente a mi cama, con su túnica negra y el rostro vacio de toda expresión. Entonces un extraño sonido… pit… pit… piiiiii…
De pronto una luz cegadora iluminó mi cara. Era inquietante y a la vez reconfortante. Alargué la mano intentando tocarla, sintiendo una peculiar atracción. Y de nuevo ese sonido, piiiiii………..
-Señor Fernández, quiere hacer el favor de no tocar los botones del monitor. Parece mentira. Todas las noches el mismo jueguecito. Algún día, ya verá, ya.
Texto: Nuria de Espinosa
Narración: La Voz Silenciosa