25 febrero, 2012

La lista de los catorce

A mediados de enero Cauce del Nalón, una asociación del concejo en que trabajo, organizó  una charla sobre Literatura y territorio, a la que no pude asistir por coincidir con un viaje que tenía programado. Uno de los participantes era Nacho Guirado, autor de La lista de los catorce y cuyo libro me apetece compartir con vosotros. 

Si tuviera que definir la novela en muy pocas palabras, me resultaría facil: obra, no de paisaje sino de paisanaje. Frente a  otros títulos  (La Regenta, Cuentos de Euritmia) o autores (Dickens, Paul Auster),  aquí el peso del territorio es mucho menor, casi inexistente; unicamente es un marco geográfico inevitable para que transcurra la acción.


Se me ocurre que una explicación plausible es que en realidad se trata, no de una novela histórica o sobre la guerra civil, sino de una historia de amor- el de Ignacio y Luisa, los abuelos del autor.


Recién terminada la novela, sin reposar apenas, las ideas y sensaciones aún no están definidas y tengo que rebuscarlas en mi interior. ¿Historia de amor? Sí, sin dudar; el libro nos cuenta como se conocieron sus abuelos; el por qué Ignacio Blas Notario, campesino de Guadalajara, terminó en Tuilla cumpliendo condena como minero en el Pozo Mosquitera; y como allí conoció a Luisa, de quien se enamoró y por la que, una vez libre, decidirá quedarse en esta tierra.

Uno de los motivos por los que me gustó el libro es porque trata un tema muy poco conocido
y estudiado, por el que siento mucho interés: las colonias penitenciarias. Al terminar la guerra, muchos presos fueron traídos a Asturias para cumplir condena trabajando como mineros en las diferentes explotaciones.

Ignacio, por la mano de su nieto, nos cuenta el choque que supone para alguien como él, acostumbrado al aire libre y la libertad del campo, habituarse a la oscuridad y el peligro del trabajo en la mina. Descubre también como ante los accidentes, las diferencias políticas, religiosas o de otro tipo desaparecen y todos se convierten en uno:

Es la mina. La puta mina. Cuando despierta para recordarnos quién es la más fuerte, a nosotros no nos queda más remedio que hermanarnos. Solidaridad de mineros.

Quizás porque lo que Nacho Guirado pretende es contar la historia de su abuelo y rendirle un homenaje, aunque la revolución del 34, la guerra civil y la posterior represión están presentes, lo hacen sin estar lastrados por el maniqueismo en que a veces se incurre (esos buenos buenísimos y malos, malísimos) y nos ofrece unos personajes con matices y por ello, muy creíbles.


Otra cosa que define la novela y la diferencia de otras obras guerracivilistas, es que  habla de la aceptación   de la derrota  y de la decisión de seguir viviendo (Faustino, el propio Ignacio), con todo lo que ello conlleva.


Habla de las penalidades tanto de los que trabajaban en la mina y vivian en la colonia como quienes quedaron marcados como “rojos”. De cómo los hubo que se aprovecharon para sacar beneficio económico de la situación o vengar antiguos rencores justificándose con la política (Faustino le cuenta a Ignacio que Isidro se la tiene jurada por culpa de una mujer)

Cabe la amistad entre personas de distinta ideología –Santiago, el ingeniero del pozo Mosquitera-y Onésimo, el médico; Adolfo, el vigilante y Faustino, el hermano de Luisa- algo que a Ignacio al principio le costará admitir. Nos habla de cómo a veces son las circunstancias las que te llevan a obrar de determinada manera (el soldado que vigila a Ignacio y que le mataría, más por miedo cerval al capitán y a Isidro que por rencor hacia él) De cómo hubo muchos, su propio abuelo entre ellos, que se lanzaron a la lucha con alegría, casi como un juego para descubrir luego la realidad de lo que es una guerra.


Termino con una cita de algo que dice Ignacio casi al final, y que me gustó mucho:


(…) hice lo que hice porque así eran las cosas. Alguien por encima de nosotros decidió que había que dividir el país en dos, y tú y yo nos encontramos peleando en bandos opuestos. Sufriste, pero recuerda siempre que tú perteneces a los que empezaron la guerra y la ganaron. Tu sufrimiento jamás se podrá equiparar al nuestro.