30 marzo, 2012

Alba

Desnudo de mujer
Joaquín Sorolla, 1902


Alba acepta su destino de musa solitaria, de mujer imposible e inalcanzable; aquella que se admira y se desea pero nunca se posee; la que jamás se olvida; esa con quien sueña el artista mientras desfoga su pasión con la compañera de turno; entretanto, su mente teje para ella los versos más hermosos.
Alba se sabe protagonista de muchas quimeras enquistadas. 
Su lozanía se perpetúa más allá del tiempo, pues nada hay que permanezca tan vivo en el alma de un artista, como la imagen idolatrada de un amor imposible.
Alba desnuda, rabiosamente bella, voluptuosa y distante, atrapa el alma del visitante del museo.

Texto: María Isabel Machín García