06 marzo, 2012

Rico


Se llama Rico, aunque su nombre oficial es Ricardo. Solamente su novia y su jefe lo llaman así, Ricardo, pues al resto de su gente, ya sea la familia o los amigos, nos les cabe otra manera de pronunciar su nombre que la de Rico.
No es que sea guapo, pero desprende cierta ricura: tiene ángel, diría su abuela. Tampoco sus ademanes son la mar de elegantes ni su piel es rolliza ni sus manos finas. Rico es joven, acude a las fiestas con unas gafas de piloto de aviación que le ocupan media cara. Para los días laborables usa chaqueta y corbata, y aparenta estar muy centrado. Camina a zancadas por la gran ciudad, devora con la mirada a las mujeres, devora la belleza palpitante, devora la noche.
Comparte sus gustos por la música, sus ideas, sus éxitos, sus fracasos, comparte, en fin, su vida con una multitud de amigos a los que tiene agregados a su red. Y es que la red social,
el mundo digital, al que está afiliado, lo tiene fascinado. La información que le aporta es tal que navega por los abismos de la pantalla y aún así no encuentra fin a su empeño. Entonces, durante breves segundos, levanta la mirada y se sabe vivo, consciente, y busca, descubre, deduce, se hace idea de lo que pueda estar pasando, intuye: intuye la revolución.
Últimamente las cosas no le van bien: su novia lo ha dejado, por falta de ricura, según ella; su jefe cerró el negocio lastrando con ello su puesto de trabajo; ante el espejo le han asomado las primeras canas; muchos de sus amigos han formado familias y ya no comparten cervezas ni tertulias. A Rico la realidad no virtual le ha cogido de sorpresa, está desorientado. Le resulta imposible creer que él, precisamente, él, sea uno de los perjudicados, una de las víctimas que alude el sistema. Pide consejo a la familia, a los amigos, a la red; todos coinciden al decirle: Rico, la salida está en ti mismo.
Ha pasado tiempo y sigue desconectado. Sus amigos agregados se preguntan si habrá podido tomar algún rumbo. Siempre ha sido una persona ocurrente. Lo más seguro, apuestan todos, lo más seguro es que, donde quiera que esté, dará señales, porque, Rico, no lo tiene todo perdido.
Texto: Dácil Martín
Narración: La Voz Silenciosa