11 abril, 2012

Ángel con antorcha




La noche es un ovillo de timbales,
cascabeleo funeral sin luz…
Negra carroza de caballos negros
me conduce a la cárcava de huesos.


El tiempo para…: reflexión y miedo,
recoge el sufrimiento en incontables
y aquietados segundos que se rompen.
Instantes que parecen hojas huecas,
transversales espacios sin aliento,
manantiales de tumbas y osamentas.


Y mi dolor es melodía y lágrima
que ocupa un universo sin palabras
cubriéndolo de rutas aún sin mapas,
trazadas por pedazos de sonidos
usurpados al alba y al ocaso,
a la tormenta, al huracán, al llanto,
al instante de la última visita,
del ángel con antorcha que me guía.

Pasión: inmenso espacio de planicies…
Plenitud: sentimiento sin aludes:
un beso, un silbo, un soplo, brisa y viento
caricia vespertina que sonríe.


Un horizonte abierto nos espera:
puesta de sol sin límites, ni orillas
que envuelve todo, que ilumina todo
cual sonrisa que se abre, flor en vuelo,
el quiebro que recorta el sino triste…


Mahler con su paso holla el mismo filo
en sombras de la muerte que me acecha.
Asoma su mirada quevedesca
traspasa la frontera y los arcanos
y envía flechas con respuesta impresa:
resurrección, resurrección palabra
camino, senda, clave, explicación
de tantos sufrimientos y agonías.
Invoca al cosmos cotidiano, simple
y acude raudo al universo entero
y se ovilla la noche entre timbales.



Texto y narración: Amando Carabias María