06 abril, 2012

De cuero y oro


Mírale ahí la cara que se le ha quedado, como si nunca hubiese visto a una mujer desnuda. O como si yo fuese otra mujer. Claro, que mirándolo desde su lado tampoco es que yo esté mejor que él.
Ya presagiaba yo algo, cuando llegó con tantas novedades… que si ‘mira qué colores más brillantes’, que si’ toca cuánta suavidad’, que si ‘huele cómo embriaga’… No, tanto cambio no debía traer nada bueno. ¡Y a nuestras edades, menos!
No seas tontina –me dijo-, si total no nos va a ver nadie… hemos alquilado la casa rural para diez días, tenemos provisiones como para un mes y la limpieza la hacemos nosotros, para que nadie nos moleste…
Y aquí estoy, completamente desnuda. Atada con esposas forradas de rojo pasión, al cabecero de hierro forjado y él, sentado en el suelo –al otro lado de la habitación. Vestido de cuero y oro en el torso, con las llaves de las esposas colgadas de un aro de la oreja. Con una erección de caballo y muerto de un infarto. ¡¡Será imbécil!!
Texto: Mariluz González Hidalgo

Narración: La Voz Silenciosa