04 abril, 2012

Deseo Anónimo


Recostada bajo la sombrilla, tras una mañana de baño, repleta de abrazos y caricias, la luz del mediodía va entornando mis ojos, consiguiendo que el horizonte se reduzca a sus pechos. Del rosado de su pubis, al tostado de sus pezones, mi mirada se desliza por su cuerpo, mecida por una gama de colores. Mi lengua saborea, en la distancia, el salitre de su piel, y mi dedo zigzaguea por la sombra de sus curvas, que el sol dibuja en la arena. En cada uno de mis poros voy sintiendo su deseo imaginado, hasta que mi corazón se concentra en un único e intenso latido en el eje diminuto de mi cuerpo. 

Su voz en sordina, junto al murmullo humedecido de las olas, me compaña al regreso de mi ensoñación, al amparo de la gema del sol, el rubí del atardecer. Dejo que la mar refresque la temperatura de mi sueño mientras la observo en su inocente ignorancia del dulce placer de mi fantasía, y sonrío insatisfecha por el recuerdo del amor infructuoso, que, un día más, sufro por ella.
Texto: Ana Crespo Tudela
Narración: La Voz Silenciosa