11 junio, 2012

La Prueba


Cuando me dirijo a la cama para dormir junto a la noche, me entristezco ante los sueños que sé que me esperaran como tigres hambrientos dispuestos a lanzarse contra su captura, yo. Durante el lapso nocturno no dejo de dar vueltas...y más vueltas, mientras, descifro enigmas que siempre conservo con la oscuridad, también me gusta creer que soy un detective solucionando tramas que ni el mismísimo Dupin pudo resolver. Todo bajo el yugo de la burbuja onírica tiene su sentido y le impone su orden, y yo juego al ajedrez de modo milimétrico, con el único testigo de mi dulce Náyade.
Pero lamentablemente ya en la mañana dejo de recordarlo todo. No sé qué día es ni que debo hacer. Con los primeros cantos alados me queda una extraña sensación en el vientre, que se calma con el primer desayuno que me prepara la mujer de mi vida, y una melancolía en el espíritu que no se aplaca con nada.
Ayer escuche al hombre del tiempo decir que subirían las temperaturas, me recomendó ir siempre con agua encima y me deseo un muy buen día. Me quede desilusionado y me largue con Náyade sin agradecerle la información.
Con mi bolso, mi libro de tragedias y mi melancolía, bajo las escaleras alisándome las pobladas patillas y me propongo ensayar la sonrisa frente al reflejo de los escaparates. Náyade logra animarme y llego a la parada del autobús con un rictus entre hombre guapo de cuché y vejestorio rellenado de botox.
Creo que he superado la prueba, Náyade siempre a mi lado consigue hacer de un tipo insomne un Señor casi distinguido, es más, ahora creo que no paso desapercibido, al menos para ella.

Texto: Michel Manuel Canet (Canet Rojas)
Narración: La Voz Silenciosa