21 junio, 2012

Solo palabras


Palabras, palabras, si es que son solo palabras. Solo palabras, nada menos, las que ahogan cuando se atragantan, las que inundan cuando no se las consigue hilvanar a partir de una primera, cualquiera. Pero no cualquiera, una elegida que puede ser cualquiera pero no, hay que tomarse el trabajo de elegirla porque inaugura más trabajo, porque vaya usted a saber lo que inaugura. Porque hay que ser cuidadosos con lo que se nombra con ellas porque eso se construirá como por arte de magia, o como por intervención divina según la superstición. Palabras que solo pueden expresar deseos, deseos en pulsión de vida que pugnarán siempre por alejar la muerte hasta claudicar, siempre. Es una batalla desigual que sabemos perdida por adelantado, pero que hay que librar, ahí se juega la vida y la muerte,
también se puede elegir. Pero no se puede elegir la muerte cuando ya se está muerto, eso es el sinvivir: respirar, vegetar, esperar, callar.

Callar para callarse a uno mismo, para no existir y así no poder morir, solo los vivos morimos, solo la vida se acaba, la muerte es eterna.

Las palabras comprometen, su expresión responsable nos elabora, nos independiza, nos permiten amar y que nos amen, nos incitan a trabajar, nos inducen a proyectar, nos impulsan a crear y a crearnos. Nada menos que de palabras se hace la vida. Nada menos que de palabras se construye el presente desde el futuro.

Solo palabras que pueden doler al parirlas pero que no queda otra: pares o revientas; o las pares o te parten; o las pronuncias o abandonas. Pero que no ahogan ni inundan, sino que alumbran. Vivir es el camino más largo hasta la muerte, ¡mejor vivir! Mejor hablar.



Texto: Ángeles Jiménez
Narración: Susana Santamarina