14 julio, 2012

Divorcio de tres

Dicen que los del quinto se han separado…
¡Qué me dices! No puede ser. Son un matrimonio modelo, siempre juntos, tan educados y tan guapos los dos. Además…, si no debe hacer ni cuatro años que se casaron.-Pues sí, hija, sí, eso dicen...Tan enfrascadas están en la conversación que no han contestado ni a mi saludo. Creo que ni lo han oído. He estado a punto de decirles que sí, que es verdad, que su pareja perfecta no se aguanta más y se separan, pero he preferido subir de dos en dos las escaleras y eso que son cuatro pisos antes de caer en la tentación; ni siquiera me he molestado en esperar el ascensor para no empezar a largar yo también… ¡Uy si yo empiezo! Prefiero dejar a mis vecinas elucubrando motivos que yo conozco de sobra. Como para no conocerlos.Por fin voy a poder dormir sin sobresaltos, fin de las carreras por el pasillo, fin de las broncas por no acordarse de una fecha importante, (y para ella todas lo eran): el día que se conocieron, el día que le pidió salir, su primer beso, san Valentín… Más de una vez estuve tentado a recordárselos al olvidadizo marido. Y él…, qué manía con adueñarse del mando de la tele que sólo se veían deportes, no la dejaba ver ni una sola película y se negaba a instalar un televisor más en la casa. Gran error. Quizá eso les hubiera salvado. Pero se negaba: en la cocina no, porque allí era donde comían y esos momentos eran para conversar (como si supieran lo que es eso), y en el dormitorio tampoco, que perjudicaría sus relaciones íntimas, por cierto, cuando se relacionaban de ese modo, lo hacían de una manera tan ruidosa que ni con tapones me libraba de sus escandalosos gemidos.Y ¿qué decir de las reconciliaciones? Ambos compartían su pasión por el flamenco y lo escuchaban a todo volumen para celebrarlas, menos mal que últimamente no se producía ya ninguna, pues mis tímpanos no hubieran soportado más sesiones del respetable arte andaluz.Así pues, voy a abrir mi mejor botella de vino y me voy a por un buen marisco, la ocasión lo merece: recupero la libertad de mi maravillosa soltería.

Texto: Yolanda Nava Miguélez
Narración: Susana Santamarina
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