15 julio, 2012

Amor entre líneas


Se fueron. Y después de un par de kilómetros estaban de vuelta. Nadie notó las ausencias. Era verano, fue un verano.


Aquella tarde había sido distinta porque normalmente, sobre las cuatro, él salía de casa. Los demás dormitaban en el 2º D. Con este calor, no se podía hacer otra cosa. A esa misma hora, se abría también la puerta del piso de encima y María la dejaba entornada con mucho cuidado. Jorge subía junto a ella y los dos se reunían en el descansillo, entre el tercero y el cuarto. Así tenían a la vista, al menos una de sus viviendas. El silencio en esos momentos era total. Es más, nadie de estas alturas bajaba por las escaleras; utilizaban el ascensor.Se cogían de las manos, se miraban sin hablar, con el sentimiento de culpa a flor de piel. Les bastaba con un roce, un suspiro, un tímido y callado piropo, para parar el mundo durante unos minutos. A veces, él le llevaba algo escrito, que Jorge leía sin soltar, ni un momento, sus dedos entrecruzados. Después, volvían a ensimismarse ante lo que sentían. ¿Cómo era posible tal pasión? ¿Cómo los minutos volaban y las caricias no acudían a ellos? No sabían más que aferrarse el uno al otro. El tiempo avanzaba y debían volver a sus respectivos hogares si no querían levantar sospechas. Así día tras día, sufriendo, sin saberlo, de amor.En ocasiones, era él quien le hablaba en sus textos, en silencio. Una de esas tardes, María leyó un pequeño poema de Jorge, que le llegó muy adentro. Pensó que ya era tiempo de tomar decisiones importantes. Al despedirse, ambos sabían que no había vuelta atrás. Sus miradas eran tan explícitas…Llegó el día. María le regaló un cuaderno para empezar una nueva vida juntos donde quedara plasmado todo cuanto se habían dicho y se dirían en el futuro. Jorge lo abrió, como si fuera un tesoro. La tapa era de color rojo, el favorito de ambos, y en la primera página leyó una dedicatoria que le emocionó: “Para mi amigo, mi amiguísimo Jorge, que hoy cumple 7 años”. Abajo, a la línea, con la mejor letra de que era capaz, seguía: “¿cogemos las bicis y nos vamos de aquí?”

Texto: Isolda Wagner
Narración: La Voz Silenciosa
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